El sábado 28 de diciembre de 2013, cuando acudimos a una intervención política a las estaciones de metro contra los pogromos estatales “Zeus Xenios” y los centros de detención de inmigrantes, ya sabíamos a quién tendríamos en nuestra contra. Un Estado que tiende irremisiblemente hacia el totalitarismo y que implementa políticas racistas de inmigración llevadas a cabo como una operación militar. Una Policía que no solamente disfruta de un excesivo poder legal, sino que tiene el derecho de facto de ignorar la ley en cualquier momento y en cualquier situación en la que le plazca. La parte fascista/racista de la sociedad griega que, en coordinación con las políticas estatales, considera que puede decir y hacer lo que quiera contra los inmigrantes sin ningún coste en absoluto.

También sabíamos con quién queríamos reunirnos. Con aquellos que sienten la necesidad de enfrentarse a la barbarie que se propaga, aquellos que, debido a su posición, están en el extremo que recibe esta violencia. Por esa razón, una serie de colectivos de la zona y del centro de Atenas decidimos organizar un número similar de intervenciones que resultaran en una manifestación el 11 de enero de 2014. Por esta razón nos aseguramos de que textos, carteles y panfletos que fuimos repartiendo estuvieran en siete idiomas distintos. Por esta razón elegimos los barrios multirraciales de Patisia, Ag. Nikolaos y Victoria como zonas de intervención. Los barrios en los que hay cacerías policiales diarias contra los inmigrantes y en los que la santa alianza de policías/fascistas/mafia y los racistas “comités ciudadanos” han escrito las más “gloriosas” páginas en su historia reciente. Pogromos; ataques racistas; actividades mafiosas, constantes controles policiales; detenciones y arrestos con el color de piel como único criterio; tortura en las comisarías…

Lo que no sabíamos aquella tarde era lo pronto que nos encontraríamos recibiendo esas mismas condiciones contra las que habíamos decidido actuar y que en unas pocas horas nos encontraríamos con todos cara a cara, tanto con enemigos como con amigos.

Empecemos por el principio. En la estación de metro de Ag. Nikolaos, mientras nuestra manifestación contra los centros de detención y “Zeus Xenios” seguía su curso, alguna gente de la zona, conocida por sus actividades racistas, trataron de atacar a nuestros compañeros, primero verbalmente y después armados con palos (obviamente en desacuerdo con el contenido de nuestra intervención). En la Plaza de Victoria, y mientras nuestra intervención seguía su curso, las unidades policiales “Dias” y “Delta” (unidades policiales motorizadas) atacaron y arrestaron a doce personas, entre los cuales había gente que esperaba al tren en el andén. Los arrestos tuvieron lugar con la educación y formalidad que caracteriza la policía griega y las doce personas fueron trasladadas a la comisaría central de la policía. Tras una larga hora de espera en el departamento de “confrontación de la violencia racista”, los controles y la agradable compañía de los agentes de “Dias” y “Delta” fuimos llevados a la rueda de reconocimiento para ser identificados por los fascistas agredidos. Un poco más tarde anunciaron que estábamos bajo arresto. Huellas dactilares, más esperas y en torno a la media noche nuestros abogados nos informaron de la historia que la policía había creado en nuestra contra en sus oficinas: varios delitos para todos y algunos directamente identificados como autores de “intentos graves de causar daños corporales”. La ridiculez de la situación dio un nuevo giro cuando entre los que habían sido identificados por las “víctimas” del ataque estaba la persona que fue arrestada cuando simplemente esperaba al tren en el andén.

Tras todo esto acabamos en los calabozos de la Policía. Allí, entre otras cosas, confirmamos que las celdas de la comisaría central, como la de la mayoría de comisarías del país, funcionaban como centros informales de detención para inmigrantes sin papeles. En los dos días que pasamos allí conocimos a gente de Asia y África que llevaban meses retenidos allí sin haber cometido ningún delito, como muchas mujeres romaníes, víctimas de las “limpiezas” de las calles de Atenas. Gente a la que se le habían negado constantemente sus derechos básicos que nosotros, como “ciudadanos griegos”, disfrutamos incluso cuando estamos presos o acusados. Alguna gente había pasado alrededor de 6 meses en esas celdas y no tenía ni idea de lo que podría ocurrirles en el futuro inmediato. No tenían ni idea de cuánto tiempo les retendrían o si en algún momento serían deportados. Gente que, sin embargo, mantenía su dignidad y su sonrisa. Compartimos las pocas cosas que se nos permitió tener allí, intercambiamos experiencias y opiniones, nos despedimos con fuertes emociones, reafirmando que la solidaridad y la experiencia común es lo que nos da fuerza y coraje en este lugar infernal.

El domingo por la mañana fuimos llevados desde la comisaría a la fiscalía. Allí, las excesivas acusaciones fueron reducidas a dos faltas (“lesiones corporales peligrosas” y “resistencia a la autoridad”) y pasamos por el típico procedimiento antes de ser devueltos a la comisaría. Pero en ese momento, algo salió mal. Mientras que a todos nosotros se nos devolvió el documento de identidad, al compañero E.M. (que es de origen albanés) se le retuvo el pasaporte sin ninguna explicación, lo que nos resultó sospechoso. Pese a nuestras quejas, ocurrió lo mismo a la mañana siguiente, poco antes de que fuésemos llevados de nuevo al tribunal. En la sala del tribunal, y antes de que comenzara el proceso, fuimos informados por nuestros abogados de que había una orden de retener a E.M., con el propósito de deportarlo. Obviamente, la Policía estaba haciendo uso del nuevo párrafo de la ley anti-inmigración, según el cual tiene el derecho de detener y deportar inmigrantes cuando consideren que constituyen una amenaza para la seguridad y el orden públicos. Es el mismo párrafo que fue usado contra los dos vendedores callejeros que fueron arrestados en el exterior de la Escuela de Económica de Atenas y que, a pesar de ser absueltos por el tribunal, siguen retenidos en dependencias policiales.

El tribunal decidió posponer el juicio hasta el 8 de enero de 2014 y liberarnos, pero la policía insistió en detener al compañero E.M. Los compañeros que estábamos en la sala intentamos detener la detención. Tuvo lugar un tumulto, los jueces fueron puestos en evidencia y se encontraron en una situación incómoda, las fuerzas policiales presentes perdieron el control y finalmente las unidades antidisturbios tuvieron que acudir para restaurar el orden y secuestrar al compañero. Tras esto, el compañero fue llevado al agujero infernal de Petru Rali (una comisaría de tránsito de inmigrantes) donde fue retenido durante un día y liberado al día siguiente. Un apunte sobre la situación de ese lugar: una gran parte de los detenidos en este sitio comunicaron que preferían ser llevados a un centro de detención como Amygdaleza antes que permanecer en ese “agujero negro” de la comisaría de tránsito. Un tiempo antes, otros presos de la comisaría central habían realizado un comunicado similar: mejor aquí (en la comisaría central) que en la comisaría de Ag. Panteleímonas.

A pesar del duro periodo por el que pasamos y a pesar de las acusaciones que afrontamos, salimos más fuertes de esta experiencia. Y esto se lo debemos por encima de todo a los compañeros que abrazaron la lucha, que se reunieron en el exterior de la comisaría el sábado por la noche, el lunes por la tarde en los juzgados y el martes por la mañana en la estación de tránsito de Petru Rali. Le debemos esto a la sorprendida mirada de los maderos cuando cada intento que separarnos se mostraba infructuoso. Le debemos esto, finalmente, a todos los presos, inmigrantes o no, que a pesar del hecho de estar retenidos en unas condiciones extremadamente duras, mantenían su dignidad, su militancia y su humanidad.

Desde ahora, continuaremos incluso más seguros de nuestra elección, más decididos sobre la importancia de esta distopía. Porque nos necesitamos los unos a los otros para poder derribar los muros que nos separan de los demás.

2 de enero de 2014

El texto en griego.

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