El siguiente texto fue escrito por dos anarquistas que fueron detenidos en la marcha al bosque de Skuriés, Calcídica, el 23 de agosto de 2015.

Al mismo tiempo que van saqueándose cada vez más zonas de la Tierra en nombre del beneficio de los de arriba en la sociedad, van surgiendo cada vez más luchas desde abajo, reaccionando a estos planes destructivos.

Desde hace varios años la lucha contra las minas de oro en Skuriés, Calcídica está caracterizado por la experimentación de nuevas técnicas de control y represión, como las tomas masivas de ADN, a veces por la fuerza, la prohibición de acercarse a cualquier lugar de obras de la empresa minera Oro Griego (Elinikós Jrisós) a una distancia de menos de cuatro kilómetros, o invasión fuerzas especiales de la Policía Griega en Ierissós en primavera de 2013.

El 23 de agosto se realizó una manifestación en la zona de Skuriés, en el noreste de Calcídica, con la participación masiva de muchísima gente. Durante la marcha reiteradas veces se trató de acercarse a la zona de las obras, la cual estaba protegida por cientos de maderos. Una vez acabada la marcha, el último autobús que acababa de partir para volver al camping de Ierissós fue inmovilizado por la Policía, la cual confirmó una vez más cuál es su papel, tirando al suelo a una manifestante y rompiendo su pierna pegándola con sus porras. A continuación el autobús con 78 pasajeros fue conducido a la comisaría de Políguiros, donde las retenciones preventivas se convirtieron en detenciones, con la acusación del motín (que más tarde se convirtió en alteración del orden público) y después de la toma de fotografías y huellas dactilares, comenzó el proceso de la puesta en libertad de los 74 detenidos. De los cuatro restantes los dos nos negamos a dar huellas dactilares, y los otros dos se negaron a dar a las autoridades todos sus datos, por lo que nos quedamos detenidos en espera del juicio del día siguiente.

El 23 de agosto, día de resistencia en las montañas de Skuriés, es uno de los días y los momentos de la lucha que realmente sabotean los planes de las multinacionales y de los poderosos que se llenan los bolsillos destruyendo la tierra. Estos planes son tan vitales para el capitalismo que si alguien se atreve a resistir desde abajo es castigado duro y de manera vengativa.

De la misma manera dura y vengativa castiga el Estado a aquellos que se oponen a la sociedad del control, negándose, por ejemplo, a dar a la Policía sus huellas dactilares y su material genético. En este contexto, por lo tanto, está integrada la sentencia de hoy 24 de agosto, cuando el tribunal condenó a dos de nosotros a 17 meses de cárcel con suspensión y a 18 meses de cárcel sin suspensión a las dos compañeras. A esta condena posteriormente se sumará la deportación administrativa ejecutada por la Policía.

Decidimos no dar nuestras huellas dactilares porque nos negamos ser fichados por el Sistema, y porque no queremos someternos a ningún proceso de control. Luchamos contra este Sistema que expulsa tanto a los que son un obstáculo para la realización de sus objetivos, como a los que no juegan con las reglas del Capital.

La solidaridad con los que luchan, con los presos, con los que están sufriendo en las fronteras de los países o en cualquier otro lugar a la espera de una deportación. Los momentos de la resistencia y la rebelión tienen que multiplicarse y agudizarse en todas partes.

La pasión por la libertad es más fuerte que todas las celdas.

El texto en griego.

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