Cuando los cerdos llegan alto (hasta el Everest)En esta entrada publicamos el texto de un cartel de la Asamblea de la plaza de la Victoria (Atenas) sobre la historia de terrorismo aboral que vivió una trabajadora en la cadena de bocadillerías Everest, la cual pertenece a la empresa Vivartia, la 35ª empresa más grande en Europa. Cuando la trabajadora se olvidó de sacar un recibo de dos euros por un producto comprado por un cliente, la Dirección del negocio empleó varias mentiras para conducirla a las oficinas centrales de la empresa, donde la trabajadora experimentó una serie de insultos, amenazas y todo tipo de terrorismo con el fin de ser aterrorizada y forzarse a firmar una renuncia voluntaria.

Un texto sobre las condiciones de trabajo inhumanas, el terrorismo y la crueldad de las empresas. Un texto sobre la increíble historia de la arbitrariedad de la patronal, el terrorismo y la crueldad de la patronal de la cadena de bocadillerías Everest contra un trabajador en la cadena. Un texto sobre una lucha, que en última instancia, bajo la ola masiva de las reacciones, las acciones y la determinación de la solidaridad, y los bloqueos de las tiendas de Everest, fue ganada (ya que la patronal pagó la indemnización legal por despido de los 9.500 euros). Porque en última instancia lo único que es vano es la vanidad. Por lo tanto, un texto de contrainformación que quiere demostrar el valor de la resistencia, de la lucha y la solidaridad, el hecho de que todo puede ser ganado, basta con que o reivindiquemos…

¡Nosotros tenemos la culpa! Quisimos elegir un título atractivo para nuestro texto. Sin embargo, el título que hemos elegido es problemático, flagrantemente injusto y ofensivo. Para los cerdos, por supuesto. Porque un cerdo:

• Jamás obligaría a una trabajadora a tener constantemente el móvil encendido y esperar una llamada incluso cuando tenía día libre, y estar lista para trabajar en cualquier momento. Nunca la presionaría a trabajar simultáneamente en miles de puestos de trabajo diferentes en la tienda. No le privaría de su descanso, no le exigiría a correr como una loca para llevar a cabo el trabajo, ni a partirse en mil pedazos reiteradas veces durante días, semanas, meses y años.

• Por supuesto, a un cerdo nunca se le ocurriría violar el horario de la jornada de trabajo, forzarle a una trabajadora a trabajar horas extraordinarias no remuneradas, y violar la legislación laboral.

• Un cerdo sabe que significa trabajo. No se le ocurriría controlar a sus empleados todos las errores pequeños e insignificantes, cuando está demostrado que ellos corren como locos. Y mucho más cuando en última instancia cualquier error no le cuesta nada. Por lo tanto, a un cerdo le importaría un bledo que en la furia del trabajo una trabajadora metiera dos euros en la caja, olvidándose de darle el recibo al cliente. Sobre todo si dicha trabajadora llevaba trabajando trece años en su tienda…

• Y, se da por hecho que el cerdo es un ser civilizado: En ningún caso secuestraría a la trabajadora en su negocio por los 2 euros que se metieron en la caja de la tienda sin recibo. ¡El cerdo no vive en un país en que se le secuestra a la gente!

• No había manera que un cerdo le mintiera a la trabajadora para conducirla a las oficinas centrales de su empresa, que la encerrara, que le prohibiera hacer llamadas, que le amenazara con demandarla, con que le persiguieran las autoridades fiscales, con ponerle una multa de decenas de miles de euros (!!!), y con hacer todo lo posible para que no encontrara ningún trabajo. Un cerdo nunca le aterrorizaría, nunca le haría sentirse peor que nunca, nunca le haría sentirse desesperada, confusa y destrozada y, por supuesto, nunca le amenazaría con no dejarla salir si no firmaba primero su renuncia voluntaria.

• El cerdo no es perverso, no piensa de esta manera. En ningún caso secuestra a personas, jamás los insulta, jamás los amenaza para obligarlos a renunciar y dejar de pagar la indemnización por despido a una trabajadora que llevaba trece años trabajando en su negocio.

• Y, por supuesto, un cerdo nunca se dignaría a entrar en una tienda como Everest, donde ocurre todo eso.

• Y además pensaría que las cámaras de vigilancia sobre las cajas tienen un permiso del Estado y han sido colocadas supuestamente para prevenir robos y atracos, y no para espiar a los empleados y registrar sus movimientos o cualquier error insignificante que ellos hayan cometido: Esto está estrictamente prohibido. El cerdo empezaría a tener muchas dudas sobre el concepto de la ley y el orden y sobre quién se beneficia de su existencia y aplicación.

Así que el cerdo nunca será hombre. Es más, nunca será ejecutivo de alto rango o propietario de una empresa multinacional en uno de los mayores grupos empresariales del país. Y estará condenado a ver durante toda su vida a la sociedad siendo arrastrada en el barro. A menos que esta sociedad se levante y reclame su vida y su futuro. Sólo entonces los cerdos y los humanos podrán vivir sin las bestias…

Solidaridad con las luchas por la defensa del trabajo y de la vida

Asamblea de la plaza de la Victoria

El texto en griego.

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