Texto de la Asamblea de desempleados/trabajadores en el “trabajo de interés general” y en programas del Instituto Nacional de Empleo y del Marco Estratégico Nacional de Referencia, para el evento relativo que se celebró el 20 de noviembre de 2013.

“Programas de trabajo de interés general” “desempleados beneficiarios”, “voucher (bono) de incorporación al mercado laboral para jóvenes desempleados menores de 29 años”, “vouchers de reintegración”, remuneración diaria de 19.6 euros y de 17.1 euro para los menores de 25 años, sueldo mensual de menos de 490 euros…

Palabras dispersas que conforman un terreno hostil y en el último año y medio se han incorporado al vocabulario diario de aquellos desempleados que buscamos con ansiedad conseguir algún ingreso a través de los “programas contra la pobreza” del Instituto Nacional de Empleo. El lenguaje orwelliano de estos programas pretende ocultar la realidad asfixiante de la explotación laboral que estamos sufriendo. No nos dicen que los “programas de trabajo de interés social” son unas medidas neoliberales extremas que han sido aplicadas primero en el “Occidente desarrollado” como unas medidas aplicadas para que los pequeños infractores pagaran su multa y no fueran encarcelados. En la Grecia de 2013 puede ser que ya no conciernan a los infractores, pero no es casual que la filosofía por la que se rige cualquier programa financiado por el Marco Estratégico Nacional de Referencia que se refiere a los “desempleados beneficiarios” sea que ellos son responsables de su estado de desempleo y no los memorandos y la crisis del Sistema, y por consiguiente el objetivo del trabajo que se les “ofrece” es “ayudarles a regresar al mercado laboral”.

El comienzo se dio el año pasado con los “programas de trabajo de interés general”, a través de la contratación temporal de los desempleados por las ONG, la Confederación General de Trabajadores y su Instituto de Empleo, a hospitales, regiones, etc. En estos programas 57.000 “beneficiarios” cobraron con varios meses de retraso (y después de movilizaciones masivas) la mayor parte de sus retribuciones, o sea de los 625 euros por mes  en el caso de varios desempleados aún se les debe una cantidad de 200-300 euros).  La misma y aún peor es la situación en los siete “programas de trabajo de interés general” en el sector de la cultura, en el cual hay “beneficiarios” que llevan cerca de cuatro meses sin cobrar. En otoño de 2013 la trata de esclavos del “trabajo de interés general” continúa esta vez sin la participación (mediación) de las ONG, pero con el sueldo mensual previsto de 50.000 desempleados habiendo llegado a los 490 euros al mes, y a los 427 euros mensuales para los menores de 25 años de edad. El nuevo régimen del trabajo barato que ha cubierto las necesidades de los servicios públicos degradados (a causa de las políticas aplicadas de los despidos y de la privatización de todos los bienes públicos) a nivel nacional, ¡ha tenido tanto éxito que este año se está extendiendo a las escuelas, los centros de atención al cliente estatales, a los fondos de seguridad social, a los tribunales y a la Iglesia de Grecia!

De esta trata de esclavos moderna no se podría dejar fuera el sector privado, el cual también ha sido suministrado con mano de obra gratuita para los patrones, a través de los vouchers (bonos) de “reintegración en el mercado laboral” (se trata de programas de dos años de duración para desempleados subvencionados) y sobre todo a través de vouchers (bonos) de “entrada en el mercado laboral” para 35.000 jóvenes desempleados de hasta 29 años, quienes llevan muchos meses trabajando sin cobrar, a través de la supuesta “práctica” que hacen. Está previsto que vayan a cobrar muchos meses después de la finalización de los programas de cinco meses de duración, mientras que muchos no han cobrado ni siquiera el dinero al que tienen derecho por haber participado en un seminario de formación).

El denominador común de todos estos programas es la contratación temporal de los desempleados mediante el Instituto Nacional de Empleo como mano de obra barata a las empresas del sector privado y público a cambio de una prestación que corresponde al subsidio por desempleo anterior a la crisis. De este modo, los empleados se convierten en “desempleados beneficiarios”, privados de derechos laborales (días libres, pagas extra, subsidios, derechos sindicales) y el salario se convierte en un “subsidio” que no es abonado cada mes y que reemplaza el subsidio por desempleo “anticuado” y recortado. En otras palabras, los patrones nos dicen que nuestro “castigo” por estar desempleados es trabajar por un largo tiempo sin cobrar, ¡y nosotros encima les damos las gracias por darnos 400 euros cuando nos necesitan, para que no muramos de hambre! “El trabajo libera” (“el trabajo os hará libres”) como decía la inscripción fuera de los campos de concentración de los nazis.

¡A levantar la cabeza! ¡Que no muramos como esclavos!

Contra esta realidad laboral sombría que amenaza con devorar nuestra vida, no nos quedan muchas armas salvo la solidaridad de clase y entre compañeros de los trabajadores y los desempleados. En cada lugar de trabajo en que se materializan “programas de trabajo de interés general”, “prácticas” y formas de trabajo precarias, nos conocemos entre nosotros y reaccionamos colectivamente a las arbitrariedades de los patrones (por ejemplo, a las tareas irrelevantes con el puesto de trabajo, a las horas extraordinarias no pagadas). Nos ponemos en contacto entre nosotros y aislamos las lógicas del individualismo y del “lameculos” basadas en la esperanza de que el patrón no nos vaya a despedir. En la era de la catástrofe social que estamos transcurriendo, cada aspiración individual a “acomodarse” fortalece nuestra caída colectiva como clase obrera. Estamos al lado del prójimo, confrontando los problemas cotidianos de supervivencia, y tratamos de recordar, primero a nosotros mismos y luego a los patrones, lo fundamental: Trabajamos para nuestra supervivencia y no porque nos hayan hecho un favor. Y ya que trabajamos, para poder vivir tenemos derecho a un salario mensual mínimo por encima del umbral de la pobreza. No tenemos la culpa nosotros de estar en paro, la culpa la tienen los patrones y el Estado que promueven los recortes masivos y la flexibilidad de las relaciones laborales.

Como Asamblea de Desempleados y Trabajadores en el “Trabajo de Interés Social” hemos apoyado y participado en las movilizaciones que han realizado miles de personas que han trabajado en estos programas de cinco meses de duración, para que les pagaran las retribuciones retrasadas acumuladas. Hemos visto en la práctica que la burocracia laberíntica que nos obliga a trabajar sin cobrar se puede vencer, y los procedimientos de nuestro pago se aceleran cuando nos auto-organizamos junto con nuestros compañeros de trabajo- lejos de partidos y jefes sindicales- y cuando no negociamos nuestros derechos. Por otro lado, nos hemos dado cuenta de que se nos han eliminado todos los medios de protección institucionales, los cuales conocíamos como “legislación laboral”: por ejemplo nos hemos percatado de que no somos considerados trabajadores por la Inspección del Trabajo, y que una vez que nos vemos obligados (debido a que la tasa de desempleo ha llegado al 30% y no por “voluntad propia”) a firmar estos contratos, pocos derechos podemos reclamar a nivel judicial. En última instancia, nos hemos percatado de que no hay otro camino que luchar como desempleados desechables y totalmente “desnudos” frente a estos programas, dentro y fuera de ellos, exigiendo unos subsidios decentes para los desempleados, así como la promoción de políticas que fomenten el trabajo con derechos y no el reciclaje de nuestra pobreza. Es decir que exigimos:

-La abolición de todos los “programas de trabajo de interés general” y de los programas materializados mediante el Marco Estratégico Nacional de Referencia, así como de cada forma de arrendamiento de trabajadores y de trabajo flexible.

– Que nos paguen nuestro sueldo cada mes

– Aumentos salariales y de los subsidios por desempleo suficientes para cubrir nuestras necesidades

– Trabajo fijo con plenos derechos laborales

Para luchar hacia esta dirección es necesario comenzar desde la organización entre los compañeros de trabajo en las empresas que contratan a trabajadores a través de estos programas. A continuación, tenemos que pasar a la coordinación “desde abajo” de las iniciativas secundarias en un movimiento masivo y combativo de los trabajadores y los desempleados, que tendrá la posibilidad de intervenir en cualquier lucha, pequeña o grande, revelar el régimen de la esclavitud moderna en cada barrio, y fortalecer la voluntad de luchar, durante más de cinco meses que duran los programas, contra esta política que conduce nuestra vida a la indignación, contra la represión de cualquier lucha obrera y social, y contra la fascistización rampante.

Asamblea de desempleados y trabajadores en el “trabajo de interés social” y en los programas financiados por el Instituto Nacional de Empleo y el Marco Estratégico Nacional de Referencia

El texto en griego.

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