Texto publicado en el sitio web http://postmodernresistance.wordpress.com/.

En la realidad metropolitana son fenómenos frecuentes los controles que hace la Policía en la calle, incluso las retenciones preventivas de personas por los maderos, con el pretexto de su aspecto físico “particular”, su presencia en espacios públicos, y (como ocurrió recientemente) su presencia en “cunas del terrorismo”, como les gusta llamar al barrio de Exárjia a los brazos del mismo Poder que ejecutan lo susodicho como lo hace la Soberanía.

Todos y todas nos hemos encontrado en esta situación varias veces, y la confrontación de un suceso semejante por nuestra parte en varias ocasiones pasa por vías individualistas. El cumplimiento del papel del “ciudadano indignado” frente al madero, preguntándole amablemente por la razón por la qué nos pide nuestro carnet de identidad, la pregunta de inspiración maquiavélica “¿por qué pide mi carnet de identidad¿ ¿ha pasado algo? “, la declaración ” yo iba a mi trabajo/a mi casa”, y en casos excepcionales la exigencia de que nos haga saber el “número de sus distintivos”, así que lo utilicemos supuestamente para denunciar alguna “actitud antidemocrática” por su parte, no es nada más que una actitud muy democrática por parte de un ciudadano, la cual en un marco molecular puede salvarnos de una visita nocturna a la Comisaría, pero definitivamente no es la semilla de un desafío político más colectivo, el cual si se comunica de una manera adecuada, puede ejercer política con nuestras condiciones .

No aceptando la formación política y democrática del sujeto “ciudadano”, debemos añadir y comunicar una nueva forma de resistencia colectiva diaria en la cárcel metropolitana post-moderna. Con unos términos colectivos (cualitativa y numéricamente), nos podemos negar a entregar nuestro carnet de identidad a un madero en cualquier control de la Policía en la calle. El número de sus distintivos no nos concierne, ya que no optamos por obrar a través de los procesos de mediación para expresar nuestra venganza (nuestra venganza la expresamos directamente desde hace varias décadas). En los pogromos generalizados podemos negarnos colectivamente a entregar a la Policía cualquier dato personal nuestro. Unas retenciones masivas seguro que remitirían un mensaje al Ministerio de Orden Público, y si este mensaje se comunicara de una manera política y como una propuesta, llegaría a crear focos de resistencia diaria al micro-nivel de los juegos de Poder dentro de la ciudad. Incumplimientos “no respetuosos” excesivos por nuestra parte que generaran unas  condiciones desfavorables para nuestra integridad, sobre todo si ellos tuvieran lugar a un nivel individual y antes de que la idea que lanza este artículo llegue a ser en algún momento una realidad política, por ahora se podrían evitar.

La revuelta de diciembre de 2008 ha hecho historia con respecto al tema la desobediencia política, con docenas de personas dejando de cumplir el papel del “ciudadano”, liberando a rebelados retenidos temporalmente por los maderos, abucheando a los antidisturbios y tirando macetas (a los maderos) desde los balcones de las casas del barrio de Exárjia, convirtiéndose en una inspiración para el enriquecimiento de nuestros momentos “fuera del marco del movimiento popular” (si es que existen tales momentos) de la cotidianidad de todos nosotros.

La destrucción de esta cultura y a la vez el nacimiento de la que la sucederá, la cual estará más cerca de la liberación del ser humano de la explotación y de las estructuras centralizadas de la Soberanía, puede tener lugar de una forma explosiva, pero también con un aliento caliente difundido, exhalado por todos los seres rebelados de esta ciudad, expulsando hedores de libertad hacia las narices rosas de los soberanos.

El texto en griego.

Deja un comentario

*

Archivo