Hace unos días Arás, un refugiado de Irán, llegó a Grecia solicitando asilo político al Estado griego. Por ser homosexual fue torturado y encarcelado en Irán, país en que la homosexualidad es un delito grave.

Las peripecias de Arás comenzaron hace diez años cuando tuvo una relación amorosa con un hombre. Apenas se enteró de esta relación, el padre de su novio los delató a la autoridades iraníes. Su novio se negó que era homosexual. Durante tres días Arás fue sometido a las torturas más crueles. No aguantó y admitió su homosexualidad. Cuando las autoridades lo dejaron temporalmente en libertad, él siendo consciente de que su futuro en Irán sería sombrío, tomó la decisión de emigrar. Salió de Irán y después de varias aventuras llegó a Grecia, donde pidió asilo político, describiendo a las autoridades las torturas a las que se había sometido por su sexualidad, y declarando que en Irán su vida estaría en peligro.

Fue examinado por médicos griegos (psicólogos y psiquiatras), quienes comprobaron la realidad de sus palabras. No obstante, el Comité de Asilos del Estado griego hizo caso omiso de la decisión del comité de los médicos que lo examinaron, y rechazó su petición de asilo. En este momento está pendiente su solicitud de reconsideración de su caso.

No vamos a entrar en el debate de si Arás es un refugiado político o no político. Está comprobado que en su país de origen fue maltratado y perseguido por su sexualidad, y que su vida en Irán está en peligro, dado que en este Estado teocrático la homosexualidad es considerada delito mayor, y aparte de esto salió de Irán estando acusado. Sólo por estas razones ha de obtener el asilo que ha solicitado.

El texto en portugués.

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