El siguiente texto es un comentario de una persona que visitó una de las jugueterías Jumbo sobre las condiciones laborales en esta cadena de tiendas. El comentario fue publicado en Atenas Indymedia dos días antes de Navidad.

Recientemente visité una de las tiendas de la cadena Jumbo en el barrio en que vivo. Como era Navidad, el ambiente era artifialmente alegre, se escuchaban canciones navideñas tontas, e.tc. Sin embargo, noté algo más aparte de los estantes cargados de mercancías, los juguetes coloreados y el decorado navideño: La gente: No los clientes, los trabajadores. Parecían moverse como unos robots, como si se estuvieran arrastrando. Cuando me dirigí a uno de ellos, me atendió atentamente y muy bien, y me ayudó a encontrar lo que estaba buscando. Saliendo de la tienda, mi duda no era la de siempre (¿por qué está todavía vivo el hombre que habla en el anuncio de Jumbo?) sino cuán humanas son las relaciones laborales en estas tiendas.

Hize, pues, una investigación, y leí innumerables artículos escritos por ex trabajadores en Jumbo, los cuales protestaban, a su manera, de su experiencia laboral en esta trata de esclavos. Encontré hasta denuncias contra las relaciones laborales en Jumbo. Desde luego, es un poco dificil descubrir todo eso, ya que los medios de desinformación masivos (mass media) nunca acusarían a un hijo suyo.

Sea como sea, cito más abajo algunas de las experiencias de empleados de Jumbo, como las siguientes:

“Si te atrevías a tener sed, si llevabas encima una botella de agua (cosa que está prohibida), tenías que agacharte debajo de la caja, con tu cuerpo como una S, para quitarte la sed. Porque no es debido beber agua de la botella delante de los clientes. También, estaba prohibido tocar el banco de la recepción en la entrada de la tienda”.

“Cada mañana barríamos y fregábamos el suelo de la tienda. Luego, al encender el aire acondicionado del techo, chorreaba agua. Entonces nos obligaban a fregar el suelo con papel de cocina, y estando agachadas en el suelo, porque esta era la orden del director. Imaginaos a vosotros limpiando el suelo de todos estos corredores con papel de cocina. Después teníamos que ordenar los estantes y poner en su sitio los juguetes que no estaban en su estante”.

“Un día estaba lloviendo. En el descanso nosotros, los fumadores, salíamos fuera, escondidos detrás de los carritos. Como todo estaba mojado y no podía sentarme en ningún lugar, tomé una silla de los equipos de mesas que estaban expuestos fuera de la tienda, la limpié y me senté en ella para comer. En aquel momento pasó por ahí el director y me dijo: «Αquí se sienta la gente, tú siéntate ahí», enseñándome los escalones que estaban mojados. Trabajaba para él, me iba a casa y me tomaba tres tranquilizantes fuertes para poder estar de pie y no derrumbarme, para no sentir dolor del cansancio. Yo era la que aguantaba toda la enorme cantidad de trabajo en Navidad. Por ellos llegué a casa a las doce menos cuarto de la noche en Nochevieja, porque teníamos que trabajar unas cuantas horas extra para limpiar la tienda”.

O sea, que el vendedor tiene que fregar, cargar, trasladar la mercancía y colocarla en los estantes, así que no falte nada. El que trabaja en el almacén tiene que matarse trabajando, cargar cajones llenos de mercancía, pero también tiene que hacerse del barrendero. El cajero tiene que hacerse de cajero, tiene también que poner bolsas en las cajas, tiene que barrer, tiene que colocar la mercancía en los estantes, tiene que recoger los carritos dejados al lado de las cajas, y por supuesto tiene que dar sus huellas dactilares cada vez que hace recuento de caja. Por lo general alguno de los empleados debe de ser el chivato de los demás empleados.

Sin embargo, al parecer, los trabajadores, además de sus “deberes”, tienen también prohibiciones. Está prohibido el uso de asientos (incluso para los cajeros), está prohibido agarrarse, está prohibido que la postura del cuerpo de los empleados sea “desdeñosa hacia los clientes’, está prohibido consumir agua en público, están prohibidos los teléfonos mñoviles (no pasa nada, si a algún familiar suyo le ha pasado algo, la Vigilancia se encargará de avisarle al trabajador). Está prohibido salir al patio para el descanso de veinte minutos, si no se le avisa al encargado con cinco minutos de antelación (en el caso de no avisar con antelación, no hay descanso), y después de tantas prohibiciones lo más probable es que a algunos trabajadores se les imponga el castigo de estar de pie con una sola pierna (por supuesto en alguna esquina). Y desde luego, durante el descanso está prohibido el desplazamiento del trabajador, dentro o fuera de la tienda.

En las tratas de esclavos de Vakakis (N.d.T. Propietario de Jumbo) se está en plena edad media. El capitalista se hace aún más cañitalista, y el pobre trabajador (después de la jornada) trata de arrastrarse, sin tener otras altarnativas, a causa de la crisis económica y del desempleo.

“Si deseas trabajar en un grupo de empresas rápidamente desarrollado, con perfectas condiciones laborales, posibilidades de ascenso y perpectivas de carrera. Envíanos tu currículum y anota los puestos de trabajo disponibles que te interesan”.

Al leer este texto se ríe. Con ironía e indignación. El texto mencionado anteriormente lo he copiado de la página web oficial de Jumbo, aquella tontería coloreada que no tiene la mínima diferencia del ambiente caótico que prevalece en cada tienda suya, con empleados-esclavos que tienen que aguantar diez horas de pie, estar alegres, serviciales y hacer todo tipo de recados.

¿Sigues preguntándote, tú que eres cliente de Jumbo, cómo se genera la riqueza de Vakakis? Pero por supuesto en los precios bajos de sus mercancías, y en la explotación extrema de sus trabajadores. Y a mí y a tí y a todos los que contribuyen al funcionamiento de tales cadenas de tiendas, aunque sea dejándoles un euro.

Sin embargo, lo que más pena me da son los jóvenes que llegan a trabajar en tales tiendas por tener pocas opciones. Lo que me da pena es ver por una vez más lo que detesto ver: La falta de solidaridad y a jóvenes de mi generación (alrededor de los 30 años) no luchando contra el Sistema por haberles quitado el coraje. Esto no significa, desde luego, que no tengan ninguna responsabilidad de sus opciones, ya que nadie te cabalga, si primero tú no te agachas. Por eso, creo que el espíritu navideño que se nos vende en Jumbo es una estafa y nada más. Y si los empleados tienen tiempo para respirar, no sé, puede ser que esté prohibido.

“Jumbo: Los juguetes somos nosotros”dice irónicamente el anuncio antipático de Jumbo. A lo mejor se refiera a los trabajadores-marionetas (títeres). Pero, así es el capitalismo querida…

El texto en griego.

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