El siguiente texto fue publicado en la página web de la “Asociación de camareros, cocineros y demás trabajadores en el sector de la alimentación” con motivo del despido sin indemnización de una trabajadora en el restaurante japonés Furin Kazan. En el texto se hace una mención también al terrorismo ejercido a los trabajadores del negocio por su patronal.

Despidos con receta japonesa

Nuestra colega H.K. estuvo trabajando en el restaurante japonés desde julio de 2014 hasta el 27 de septiembre de 2016, cuando fue despedida. Antes de julio de 2014 había trabajado en dicho restaurante en 2011, 2012 y 2013. Al principio fue llamada a trabajar en los días libres de otros colegas durante los meses de verano, pero al final se quedó y estuvo trabajando dos años más. A pesar de la intensa presión de la colega (a la patronal) para ser contratada y trabajar con seguridad social, trabajó durante un año más sin seguridad social, ya que la dueña del restaurante posponía su contratación legal con varias excusas.

El ambiente y las condiciones laborales en Furin Kazan no difieren nada de los que prevalecen en los demás calabozos laborales del sector de la alimentación: Camareros-multiinstrumentos, quienes, además de su trabajo, fregaban platos y limpiaban el restaurante. La mayoría de ellos estaban declarados como obreros no cualificados, y trabajaban sin la mitad de la seguridad social que corresponde a su trabajo, con horarios flexibles, ya que el patrón no dudaba en reducir drásticamente el personal cuando consideraba que no había mucho trabajo, o en “reclutarlo” cuando había trabajo.

La colega reclamó cobrar las horas que había trabajado, el suplemento nocturno y por haber trabajado en domingo, y en general todo lo legal. La dueña se negaba a pagarle este dinero hasta pocos días antes del despido de la trabajadora. Sin embargo, la razón de su despido no fue esta. H.K. muchas veces había peleado con la dueña en el pasado, ya que no toleraba la osadía (audacia) que tienen los patrones de pisotear la dignidad del trabajador o de la trabajadora, y de tratarle de una manera peyorativa, insultándolo. En Furin Kazan, pues, la dueña, de origen japonés, solía juzgar al personal (y a veces pagarlo) según su sexo y su nacionalidad. No es fortuito que la mayoría de los trabajadores en la empresa sean hombres, ya que ella había dicho que las mujeres que tienen hijos o las que llegan a tener 30 años de edad son “inútiles”. Tampoco es fortuito el hecho de que los trabajadores de origen japonés cobren mucho más que los demás: Es una actitud extremamente sexista y racista, la cual tenían que tolerar los trabajadores y las trabajadoras, ya que la amenaza del despido salía muy a menudo de su boca.

La colega ya ha presentado una denuncia en la Inspección del Trabajo, reclamando el dinero que se le debe, ya que no ha recibido ni la indemnización por despido ni la paga extra de Navidad que le corresponde. A pesar de todo eso el abogado de la empresa tuvo la osadía de sostener que la empresa ha indemnizado a la trabajadora, y que no le debe nada, ¡presentando recibos de pago no firmados!, y declarando que la empresa la despidió por no hablar lenguas extranjeras (¡la dueña es japonesa, habla poco el griego, y la mayoría de las conversaciones se hace en inglés!), por no saber manejar un ordenador (en el restaurante no hay ordenador) y por no haber trabajado antes de ser contratada (como se citó más arriba, ¡la trabajadora había estado trabajando durante al menos dos años en el mismo restaurante antes de ser recontratada!). Hay que señalar que otros dos trabajadores despedidos por la patronal de Furin Kazan han recurrido a la vía judicial contra la empresa. Hace un año en el juicio la patronal fue condenada, pero aún no han cobrado sus sueldos. Recientemente otros tres trabajadores presentaron denuncias en la Inspección del Trabajo, por no haber cobrado sus sueldos. Y todo esto en un negocio “histórico”, situado en el centro de Atenas, el cual estaba lleno y llenaba sus cajas, y sigue haciéndolo incluso hoy, ya que la crisis económica no lo ha afectado.

Las mentiras y los pretextos empleados por los patrones cuando van a despedir a algún trabajador o a alguna trabajadora no nos impresionan. Por lo general no carecen de imaginación, pero nos exasperan. Nos exasperan las condiciones bajo las cuales estamos obligados a trabajar, nos exaspera la conducta racista y sexista de los patrones, nos exaspera el terrorismo ejercido mediante la amenaza del despido, nos exaspera la explotación que sufrimos.

Contra el terrorismo de los patrones levantamos la cabeza, nos organizamos en los sindicatos de base, colectivizamos nuestras resistencias, y reivindicamos lo que nos pertenece.

Resistencia-autoorganización-solidaridad.

Asociación de camareros, cocineros y demás trabajadores en el sector de la alimentación

El texto en griego.

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