Texto publicado en https://athens.indymedia.org/.  

El Consejo Nacional de Radio y Televisión ha impuesto a los medios de domesticación masiva –los cuales, sea como sea, apoyan al gobierno – que no muestren imágenes de pobreza. Una pobreza que crece día a día. Desempleo, pobreza, hambre: el tríptico de nuestra vida. Es raro oír hablar de cosas que tienen que ver con el número tres: Troika, gobierno tripartito, tres mandan y nosotros bailamos al ritmo de nuestro tríptico. No existe una escapatoria, o por lo menos no es visible. Todo el planeta está viviendo en las mismas circunstancias que este rincón de la Tierra. Otros son menos pobres, otros son más, otros están un poco mejor (al menos por ahora).

Sin embargo, un hecho es obvio: que el Capital no mantenido los últimos pretextos al recuperar lo que había sido conquistado por los trabajadores con luchas sangrientas a finales del siglo XIX y durante el siglo XX. Considero que la elección de Margaret Thatcher y la desvinculación de las monedas nacionales de las reservas de oro han sido un hito fundamental, sin embargo, cada quien puede estar de acuerdo o no. Lo que es importante es el resultado. Y el resultado es conocido. Todas las concesiones hechas por los Estados nacionales bajo la presión de las masas, ahora ellos se la llevan descaradamente  y se las devuelven al Capital.

Tal vez porque los pueblos hayan permanecido inactivos. Consideraron que la democracia burguesa nacional era conveniente para ellos. Pensaron que podían estar tranquilos, dedicándose a las pequeñas cosas que les gustaban, a las pequeñas preocupaciones de su cotidianidad: chismes, familia, religión, deportes, juegos de azar, e.tc. Lo que teóricamente era difícil lo dejaron en manos de las nuevas generaciones de políticos de aquel entonces, en manos de la nueva burguesía, de los oligarcas financieros tradicionales y de los ex aristócratas. Y este orden de cosas se perpetuó. Había unos pedían poco y otros que se lo daban: Pan y circo suficiente para que no se rebelaran nunca. La receta del aturdimiento de las masas es tan antigua como el Poder.

Ya ha llegado la plenitud de los tiempos y el momento de pagar la cuenta. Ahora el capital no tiene miedo a nada. Ya no tiene miedo a los Estados burgueses nacionales, porque los tiene en la mano (en el bote). Ha encontrado la doctrina que lo conviene y la ha colado a la gente con unos escaparates bonitos: desarrollo, reparto de dinero que no existe – ya que ya el dinero es una grabación digital en los ordenadores y no vale-, vida bella y despreocupada. Y los candidatos a la compra han picado el cebo. Ya sea los ciudadanos de los Estados o los gobiernos, se malacostumbraron y siguieron la doctrina del neoliberalismo. De todos modos, esto es algo que sabemos muy bien en este país. Ganancias que como vienen se van lo llamaban los viejos. Sin embargo, estas ganancias tenían su precio. ¿Y cuál era este? No era material sino inmaterial: la abolición de todos los derechos laborales y la eliminación de la posesión de bienes materiales (por parte del pueblo).

Es que los representantes del Capital contemporáneo ya lo quieren todo. Como ya no tienen miedo, lo piden todo. Son los propietarios de los medios de producción, de las empresas productoras, de las empresas de prestación de servicios y productos. Y tienen en la mano todos los gobiernos, y por consiguiente tienen en sus manos los aparatos de represión de cada tentativa de reacción. Y si esta represión no funciona, ya sabemos la continuación: corporaciones financieras – trasnacionales y locales -, operaciones militares multinacionales, ejércitos privados, todos los medios (recursos) para el control total de la población.

Un gran silencio se está extendiendo sobre el planeta. O más bien, un balbuceo interminable sobre la cotidianidad de la gente, también manipulada por ellos. Nada más.

De momento lo han logrado. En ninguna parte en el planeta existe un gobierno que se les resista. Habiéndose rendido sin condiciones, lo único que piden los gobernantes es participar en el juego, piden unas migajas, las mismas que hasta ayer ellos echaban a los ciudadanos de sus Estados. Y, por supuesto, su supervivencia personal y familiar. Han vuelto a ser unos siervos, y están contentos de esto, ya que oficialmente son los que traspasan las órdenes, no los que las dan. Se han quitado de encima cualquier responsabilidad, y lo único que tienen que hacer es demostrar lo buenos y fieles que son.

Los hechos y las circunstancias indican que están cerca de alcanzar su objetivo. La mayoría de la población mundial no reacciona. Simplemente la gente está dedicada a ver la vitrina de una vida “soñada”. Y, probablemente, quiere continuar haciéndolo. Porque no se atreve a arañar la capa exterior de superficie tan hermosa, porque se va a desgastar la pintura. Porque sabe que es lo que va a ver por debajo de ella. Sabe que se esconde tan diligentemente debajo de ella. Tiene miedo. Tiene miedo de tener la misma suerte que los que considera miserables, y de decaer económica y socialmente. Tiene miedo a perder sus comodidades. Pero sobre todo tiene miedo de admitir lo equivocada que está su vida y que trata de llenarla de todo lo que brilla. Se parece cada vez más a los indígenas, que eran engañados por las cuentas brillantes de los conquistadores europeos.

El miedo que tiene la gente a cualquier cambio en su vida, rica materialmente pero pobre espiritualmente,  la convierte en conservadora. Tanto que deliberadamente ni ve y ni escucha. La hace confiar en las voces que le dicen que va a estancarse en lo conocido, incluso si se le priva de privilegios y libertades. Lo que acarrea cambios es negativo, ya que puede arrastrarle. Y no quiere cambios. Las voces que hablan de cambios no llegan a sus oídos. Ha desarrollado unos mecanismos de defensa que envidiaría hasta el mismo Orwell.

Pero todos los poderosos se olvidan de algo. Que la naturaleza humana tiende a cambiar y buscar lo mejor. Y siempre habrá personas que podrán escapar del ego y del egoísmo excesivo y que promueven el “nosotros”. Esto ha pasado varias veces. Algunos lo han aparentado hacer para tomar el Poder, y lo han logrado. ¿Cuántas revoluciones traicionadas tiene registradas la historia humana? Esta es una excusa más para su estancamiento, su conservadurismo, la falta de objeciones a su discurso, la historia traicionada, la fe en fanfarronerías nacionales- nacionalistas y los sueños imperiales sacados del mundo de los juegos digitales.

Por mucho que no los quieran escuchar o ver, en el fondo del escenario los enfrentamientos callejeros son una realidad. Las personas que se oponen al Poder y a la propiedad se convierten en los nuevos protagonistas de la historia. En cada rincón del mundo se está difundiendo la idea de la anarquía. La gente, cansada de los gobernantes y los gobiernos, ve que hay otro mundo y se dirige a él. No es tan brillante como él de los mass media, sin embargo está lleno del humo de los fuegos de la rebelión, pálido de las cárceles oscuras, escondido en los rincones de los edificios ocupados, visible en las plazas. Es un mundo que lo comparte todo en las cocinas colectivas y los bazares de trueque, un mundo que trabaja en los proyectos colectivos. Un mundo que rechaza el concepto de las relaciones económicas con dinero, que trabaja por la sociedad, un mundo del que emana una libertad que hasta ahora sólo se la imaginaba. Y se juntan con este mundo. A paso lento y tímido, sin ideas claras, están dando los primeros pasos, enseñando y aprendiendo, y yendo aclarando sus ideas, están creando las nuevas formas de nuestro mundo. Un mundo que se opone a los valores mercantilistas del hoy y propone su destrucción.

Y cuanto más ellos aumentan la opresión, más la gente se dirige a la anarquía. Y esto es a lo que tienen miedo los soberanos (gobernantes) y el Capital. Y aumentan la represión. Porque la gente oprimida no queda deslumbrada por las cadenas doradas, ya que le han puesto otras de hierro. Y están acojonados. Porque por cada luchador social al que tratan de silenciar con persecuciones y encarcelamientos, surgen decenas de otros. Cada luchador se convierte en canción y llama de rebelión. Por cada espacio auto-organizado, por cada ocupación que desalojan, son liberadas plazas, calles y sobre todo personas. Personas que se meten en la lucha, levantando el puño y gritando con sus ojos brillando. Es un brillo, un destello de libertad y voluntad que jamás va a tener ninguno de los gobernantes o sus guardias.

Este destello, junto con la sonrisa de la chica que escribió a su querido “Te amo” en la ventanilla de la furgoneta de la Policía, al ser detenida en el desalojo de una okupa, es lo que les asusta. Porque es algo que jamás podrán comprar o esclavizar. Es la esencia misma de la anarquía.

El texto en griego.

Un comentario para “Ha llegado la hora de romper el silencio”

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