Texto sobre la represión de la huelga de los trabajadores en “Acería Griega”, publicado en el blog de un abogado http://xasodikis.blogspot.gr/. A pesar de nuestros desacuerdos con algunas opiniones y puntos de vista expuestos en el texto, creemos que este es ilustrativo de como el Régimen y su “Justicia” pueden ignorar o pisotear la legalidad de su propio sistema político y jurídico, cuando su equilibrio se ve amenazado.

“Hemos demostrado en el patio de “Acería Griega” que lo que decimos lo decimos en serio. Un grupo de sindicalistas había bloqueado una fábrica durante siete meses, impidiendo entrar a los que querían trabajar y conduciendo al desempleo a cientos de trabajadores. La fábrica iba a cerrar. Hemos evitado esto. Tenemos absoluto respeto a los derechos de los trabajadores. Principalmente a lo más sagrado: ¡el derecho al trabajo! Este derecho había estado violado y había sido amenazado directamente. Y lo hemos restablecido. Así de simple”. Fragmento de un discurso del primer ministro de Grecia Samarás después del operativo de represión de la huelga de los trabajadores en “Acería Griega” por la Policía griega.

Pero un momento. En primer lugar, alguien le tiene que recordar que no fue “un grupo de sindicalistas que había bloqueado una fábrica”, sino un sindicato de trabajadores que había tomado una decisión legal de convocar una huelga, ejerciendo un derecho que no sé si es sagrado o profano, pero seguro que está garantizado por la Constitución. Por lo menos, hasta hoy.

Llegó el momento que la empresa-patronal recurrió a la Justicia y la huelga fue declarada ilegal y abusiva. Está bien. Sin embargo, estamos hablando de una empresa privada y del sindicato de los trabajadores en ella, el cual en términos jurídicos también es un particular. Y por consiguiente, cualquier diferencia entre ellos es de carácter privado y tiene que ser resuelta ante los tribunales, que en este caso son los tribunales políticos. Tal como se hizo.

Ahora bien, para aquellos que no lo conocen, las sentencias dictadas por los tribunales políticos sobre asuntos de disputas entre particulares no son aplicadas ni por el primer ministro en persona, ni por el gobierno colectivamente, ni siquiera por la Policía, y desde luego no son aplicadas ellas mismas por sí. Existe un proceso determinado, llamado “ejecución forzosa”, que está regulado detalladamente por la Ley, y de la cual se encargan unos órganos específicos del Estado: los agentes judiciales. Ellos tienen el derecho a solicitar la asistencia de la Fiscalía o la Policía, siempre que lo consideren necesario. Por ejemplo, cuando un pleiteante que ha perdido un juicio se niega a cumplir con la sentencia y con el proceso de su ejecución. Pero no pueden llegar más allá de eso.

No sé cuáles fueron los motivos y mediante qué proceso intervino en el caso la jefa de la Fiscalía del Tribunal de Primera Instancia de Atenas, y no me fío de los reportajes de los medios de comunicación, los autores de los cuales por lo general no tienen ni idea de procedimientos jurídicos. Pensando más cínicamente que de buena fe, supongo que (ella) ha velado por su protección institucional y que su intervención debe de tener una base en la ley. Sin embargo, se me ponen los pelos de punta cuando escucho al primer ministro reclamando una distinción honorífica por haber restablecido el orden “así de simple”, en una disputa (repito) privada, en la cual él no tiene ninguna jurisdicción y ninguna autoridad para intervenir de ninguna manera. Porque, aparte del sagrado derecho al trabajo y el profano derecho a la huelga, está garantizada por la Constitución la distinción entre los poderes. La ley establece que la Fiscalía es una autoridad judicial independiente de los tribunales y del poder ejecutivo, y cualquier vinculación-aunque sea asociativa- entre “la intervención personal del primer ministro Samarás” y la “orden de la Fiscalía” tendría que ser como mínimo rechazada.

Hay también otra cosa: hemos dicho que la participación de la Policía en la ejecución de una sentencia es algo permitido (aunque no requerido) por la Ley. No obstante, la Policía no es sólo el equipo antidisturbios. Puede ser que estemos acostumbrados a su presencia en todas partes y que no nos llame la atención, pero es bueno recordar que los equipos antidisturbios son lo más cercano al ejército de ocupación que pueda tener y sacar a las calles una Democracia: desde el punto de vista de su equipamiento, de su táctica, incluso de su aspecto. La presencia de la policía antidisturbios con sus cascos, escudos y pistolas de gases lacrimógenos en la mano ya es una condición suficiente para hinchárseles las narices a todos y en todas partes, incluso en una manifestación de monjas ursulinas, aún más cuando frente a ellos hay trabajadores del acero endurecidos por su huelga de varios meses de duración. No nos engañemos: la orden de tomar acción los grupos antidisturbios, y no otro cuerpo de la Policía, y la apertura de la fábrica, no tienen nada que ver con la necesidad de la empresa, sino que tienen que ver con la necesidad del primer ministro Samarás de hacer una declaración política, de justificar las consignas sobre “orden y seguridad ” que estaba gritando antes de las elecciones, de justificar lo de ” yo les voy a quitar las capuchas”, de justificar incluso su actitud de chulería durante las declaraciones programáticas del gobierno, cuando se asomaba al podio del Parlamento como un macarra y con toda la confianza que tiene un bravucón que sabe de antemano que tendrá la última palabra, fulminaba al líder del partido Coalición de Izquierdas, a un sindicalista de la oposición y a cualquier otro que le daba la gana.

Y para no dejar la menor duda, he aquí y la continuación del discurso de Samarás: ” Y enviamos un mensaje claro a todas partes: Cuando con un desempleo como este son realizadas tales prácticas sindicales que amenazan con cerrar más fábricas, no vamos a quedarnos de brazos cruzados mirando a trabajadores desesperados perder puestos de trabajo”. Ya nos hemos enterado. En otras palabras, con el fin de salvaguardar la legalidad, Samarás declara que está decidido a pisotearla cuando sea necesario. Quien no entiende por las buenas, entiende por las malas, y donde las formalidades institucionales crean obstáculos, vendrá él y dará la solución.

¿Totalitarismo? ¡Hombre, qué va! ¿Qué palabras son estas? Se llama democracia. Más o menos.

El texto en griego.

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