Hace unos días en el barrio de Atenas Pangrati se realizó una manifestación antifascista, con el fin de anular la inauguración de la oficinas del partido neonazi Aurora Dorada en este barrio. La mayoría de los manifestantes eran anarquistas, sin embargo, no faltaron los bloques izquierdistas. La marcha no llegó hasta las oficinas de los fascistas, a causa de las fuertes fuerzas policiales alineadas en sus zonas aledañas, sin embargo, bloqueó el acceso a ellas durante muchas horas. El resultado de este bloqueo fue que el evento fascista se celebrase en presencia de muy pocos antropoides aislados en una calle y rodeados por cientos de maderos.

Durante la manifestación no faltaron los conflictos entre la salvaguardia de la manifestación, constituida por miembros de varios colectivos anarquistas, y una cuadrilla que actuó (como siempre) al margen de la manifestación de una manera contraria a las decisiones tomadas en (por) la asamblea que había convocado la manifestación, sobre el carácter de ella. Es la enésima vez que sucede algo semejante. En una entrada nuestra publicada hace seis meses explicamos porque ya no publicamos noticias sobre los incidentes provocados por tales cuadrillas.

Más abajo publicamos unos comentarios sobre lo acontecido al margen de esta manifestación, cuando los miembros de la custodia reaccionaron a la tentativa de esta cuadrilla de actuar de una manera arbitraria y alterando el carácter de la manifestación, el cual había sido determinado en una asamblea con procesos horizontales unos días antes. Consideramos que esta reacción a la actitud arbitraria y peligrosa de dicha cuadrilla, así como su rechazo en un debate público en Internet, han sido más importantes que la propia manifestación. Por eso, publicamos aquí algunos comentarios sobre este tema, publicados en un debate en Atenas Indymedia.

1er comentario

La fiestecita de la bien conocida chusma de los lumpen (“tiro piedras y me echo a correr, y luego los maderos aplastan a decenas de personas”), quienes llevan muchos años provocando ciertos problemas, al parecer ayer fue eliminada. Sin embargo, este fin de semana otra vez los bien conocidos y totalmente insignificantes hiperanarquistas de Indymedia se han puesto a hacer comentarios para llenar su tiempo libre, sembrando la discordia sólo como ellos saben hacerlo.

Los bien conocidos lumpen rompevitrinas, pues, quienes han pegado reiteradas veces a compañeros, han amenazado a compañeros con cuchillos, y han roto varias cabezas en incidentes parecidos, actuando siempre de su propia manera “anarquista”, por fin han aprendido la lección que es dio la salvaguardia organizada de la marcha, la cual les devolvió al mínimo lo que les corresponde. Y desde luego ahora leemos lo que escriben los bien conocidos revolucionarios del teclado y los partidarios de la teoría “hago lo que me da la gana, independientemente de si mis acciones perjudican a compañeros y compañeras, y no rindo cuentas a nadie, porque esto es anarquía”.

Por desgracia, sin embargo, para todos, los tiempos difíciles en los que vivimos y los que están por venir, requieren salvaguardias organizadas, cuya finalidad principal sea la protección de los manifestantes de una potencial intervención policial, y la aplicación de todo lo que haya decidido la asamblea que ha convocado la marcha.

Desde luego, algunos prefieren que las marchas sean una agrupación de personas dispersas, fácilmente disueltas (por la Policía) por querer unos lumpen desahogarse tirando piedras y cócteles molotov, por supuesto sin tener ningún plan, porque esto es “anarquista” según sus teorías. Y por supuesto, estas opiniones son escritas sólo en el multi-instrumento (herramienta) Indymedia, puesto que se harán el ridículo si en alguna asamblea organizativa de alguna marcha dicen: “¿Por qué nos hace falta la salvaguardia?”, o si sueltan algún comentario libertario-hiperanarquista semejante.

Pues, los días de vuestra arbitrariedad en detrimento de la gente luchadora se han acabado, y esto es algo que tenéis que entender tanto los que hacéis estas cosas como los que os apoyan en Internet. Las decisiones son tomadas en las asambleas, y en ellas se rinden cuentas y no en Indymedia, como hacen los anónimos que dejan sus comentarios aquí sin tener la mínima relación con el tema que comentan. Quedamos, pues, en las asambleas y en la calle.

2o comentario

Es cierto que un compañero joven fue expulsado de manera violenta de la concentración por miembros de la salvaguardia de la manifestación, cuando se negó a aceptar que las decisiones tomadas sobre la organización de la protesta eran diferentes de su opinión, e intentó hacer lo que le dio la gana en detrimento de los demás.

Ha sido escrito que la salvaguardia bien organizada se había encargado de la protección de los manifestantes y de la materialización de las decisiones colectivas sobre el carácter de la acción, el cual no era violento. Cuando has llegado a una distancia de 15 metros de las filas de los maderos, en una marcha que para la gente que participa en ella es claro que no quiere enfrentarse (a la Policía), amigo mío no rompes trozos de mármol, y no actúas como súper-revolucionario en perjuicio de los muchos. Cuando estás en desacuerdo con lo que ha sido decidido, te vas a otro lugar para hacer lo tuyo. Y vías de acceso a la concentración de los fascistas hubo muchas, sin embargo, algunos no tomaron estas vías (caminos), sino que quisieron hacer lo suyo, actuando con seguridad estando entre los muchos. Esto no lo podéis esconder constantemente bajo la alfombra.

3er comentario

Como movimiento hemos consentido muchas veces actitudes irracionales y hostiles, y obviamente no podemos consentirlas para siempre. Son unas actitudes (comportamientos) impuestas en el nombre de la libertad (paradoja comico-trágica) y basadas en la hostilidad hacia cualquier proceso colectivo, en la indiferencia hacia la integridad de cientos de compañeros, y en la apropiación egoísta y la humillación de los recursos (medios) de la lucha.

Muchas veces en el pasado se ha intentado poner de relieve de una manera suave que la auto-organización debe basarse en decisiones tomadas en común, y que estas decisiones defienden las salvaguardias de las marchas. En vano. Las respuestas a esta manera suave han oscilado entre el desprecio, las palabrotas y las amenazas de violencia.

Es lógico que no sigamos consentir la hostilidad reiterada (¿por qué tenemos que hacerlo?) de personas que nunca han debatido con alguien sobre lo que quieren hacer, que nunca han asumido y compartido la responsabilidad de la defensa de una manifestación de los maderos, sino que, al contrario, (esta responsabilidad) la conciben como valor de uso para sus objetivos personales.

Muchas veces este comportamiento autoritario y elitista, en la que el Ego pequeñoburgués se superpone al Nosotros colectivo, ha culminado en agresiones caníbales violentas a compañeros, a luchadores izquierdistas y a transeúntes por manifestaciones, plazas y fiestas. Contra estas agresiones los supuestos “antiestalinistas internéticos” nunca han hecho nada. Por el contrario, cada vez que se intenta detenerlos, ellos actúan de una manera obviamente autoritaria, tratando de imponerse a los muchos. La retórica sobre actitudes estalinistas y propias del partido “comunista” sirve a la reproducción de estos comportamientos, ya que intenta distorsionar una cuestión política grave recurriendo a la emotividad.

¿Vamos a consentir que las cuadrillas se impongan a los demás sólo por tomar unas cañas en cierta calle peatonal, y a cualquiera agredir e insultar a compañeros por defender decisiones colectivas? ¿Vamos a consentir que se propinen palizas a personas que no han hecho nada, sólo por estar enfadado un tipo lumpen y por querer desahogarse? Para un luchador la respuesta es un no tajante.

En el movimiento tienen cabida todos los que respetan a los compañeros y principios y los valores de la lucha. Los que no respeten nada de eso, y además ejercen violencia o amenazan, tienen que ser tratados de una manera adecuada.

4o comentario

…En varios casos ha aparecido una ridícula “vanguardia” que se niega a participar en la manifestación junto con los demás, haciendo claro su antagonismo por todos los medios. Caminan por la acera, apartados de los demás (los aguafiestas), teniendo el rostro cubierto como si quisieran atacar a tres ministerios y a siete comisarías, llevan el “equipamiento” en las manos de una manera provocativa (si lo lógico sería que pasaran desapercibidos por los maderos), y se niegan de participar en cualquier debate con los demás bloques (las demás partes) de la manifestación: Todo esto es considerado por algunos un “derecho”, si en realidad no es nada más que un privilegio, en detrimento de los demás.

Cuando el resto (de los manifestantes) trata de moverse juntos y de contenerse (es obvio que no son sólo unos 10-15 los que se exasperan al ver a los maderos aproximándose), trata de apartarse de ellos, trata de comprender cuál es el peligro para ellos y para los que están en la calle, y al mismo tiempo en paralelo a ellos caminan unas personas que les importa un bledo todo esto. En varios casos, algunos de estas personas tiran una piedra (la cual en la mayoría de las veces no llega a su meta) y luego se esconden tras los cuerpos de los compañeros y las compañeras que reciben la carga de los maderos de las llamadas fuerzas antidisturbios.

Y a esta parodia algunos tienen la osadía de llamarla “auto-organización”, “anarquía”, “insurreccionalidad”, y “espíritu libertario”, si no es nada más que la imposición descarada de la voluntad de unos pocos sobre (en detrimento de) cientos de personas…

…Toda la argumentación sobre la aparición de estas personas (en las manifestaciones) consiste en que por motivos “libertarios” algunos están por encima de los demás, tienen más derechos que los demás, son una especie de vacas sagradas, una especie protegida, o una elite cuyo Ego es más importante que el Ego de los cientos de los manifestantes.

Muy a menudo este privilegio se ha defendido en la calle de una manera violenta. El tono de voz agresivo, la amenaza de usar violencia (se han escrito muchos comentarios sobre el machismo de la -salvaguardia, pero ni una palabra de la actitud machista, en cuanto a la forma y el contenido, de estos “chavales”), en combinación con las acusaciones constantes contra los “estalinistas”, los “reformistas”, e.tc., no son nada más que unos instrumentos usados para la perpetuación de los privilegios de esta “vanguardia” caricaturesca.

O sea que, en su caso coexisten los siguientes rasgos: Una minoría que impone su actitud sin interesarse en absoluto en los medios y los objetivos de los que están a su alrededor, sin escrúpulos (no les importa si su actitud causa peligro a los demás) y sin principios, cuyo fin es mantener sus privilegios (hacemos lo que nos da la gana, ¿quién nos va a detener?) en detrimento de los demás. Y esta situación existe desde hace muchos años, y los que son reacios a ella recibe agresiones verbales, siendo acusado de “traidor de los ideales anarquistas” (los cuales, en este caso, no son nada más que las ganas de una cuadrilla), y de “portarse como los bravucones del partido comunista”. ¿Estalinismo? ¿Habéis dicho algo de estalinismo?

Por los menos los que defienden esta imposición, llamándola “insurreccionalidad”, que tengan el coraje de proponerla para todos (que propongan que sea válida para todos). La próxima vez pues, que convoquen ellos una marcha no por la calle sino por la acera, y nosotros nos pondremos a romper los bordes de las aceras, iremos vestidos como yihadistas preparándose para atacar con cohetes, y tiraremos piedras a todos lados hasta romper todas las cabezas de los manifestantes. Vamos a debatir vuestra propuesta, y los que quieran podrán participar libremente y de manera auto-organizada.

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