Texto del colectivo “Anarquistas y comunistas de Kipseli y Gyzi”.

Al mismo tiempo que el valor de la vida en la sociedad griega parece haber llegado a unos pocos céntimos, los patrones están tratando de establecer una novedad: La apertura de los comercios los domingos. La ley relativa aprobada recientemente prevé su funcionamiento durante siete domingos al año, los cuales con una orden ministerial llegaron a ser 52, al principio sólo en algunas provincias (esta orden ministerial fue congelada temporalmente por el Consejo de Estado, pero manteniendo en vigor la medida sobre los siete domingos al año). De esta manera en un país en el que la gente va perdiendo su casa y se suicida a causa del empobrecimiento violento al que ha sido sometida, damos con el fenómeno innovador de que al mismo tiempo se le dé a esta gente la oportunidad de consumir incluso los domingos.

Como si lo que nos falta fuera un día más de compras. Esta contradicción podría constituir una ironía del Régimen hacia sus súbditos, pero no sólo no es un chiste, sino que, por el contrario, es un paso decisivo hacia la venta total de nuestra vida, por el bien de los mercados, la competencia, y en última instancia del Capital en general.

¿Quién se beneficia?

Por supuesto, la apertura de tiendas los domingos puede llenar los bolsillos de la gran patronal, sin embargo, no va a mejorar nuestra vida. Para la mayoría de la gente el futuro está pintado con los colores más sombríos, los de la pobreza, de las expropiaciones, de los suicidios. Hoy día sólo los ricos se hacen más ricos. En concreto, sólo los muy ricos. Los que salen beneficiados son los grandes centros comerciales y los grandes empresarios. De todas formas, estos son los que han llevado años presionando para que se impusieran unos horarios comerciales cada vez más flexibles, unas relaciones laborales cada vez más precarias, o sea la esclavitud asalariada moderna. Esta noción es concordante con los principios principales de la lógica capitalista, es decir, con la acumulación del Capital, la intensificación del trabajo, el sometimiento de la totalidad de nuestra vida a los ritmos y las leyes del mercado.

La esclavitud moderna

Al mismo tiempo, la gran apuesta de la Soberanía es la transformación de los seres humanos en unas masas de trabajadores no cualificados y precarios, que vivan sólo para trabajar y cobrar unas migajas. Ya trabajamos sin cesar durante todo el día y todos los días de la semana. Nos están convirtiendo en máquinas, robots, que trabajan cada vez más y cuestan lo mínimo. Ellos tocarán el tambor y nosotros bailaremos al ritmo del “desarrollo”. Hemos llegado a suplicar por un puesto de trabajo. Este trabajo será el tirano de nuestra vida, que nos estará chupando toda la vitalidad y todo nuestro tiempo. Este es el modelo del hombre que quieren moldear. Un instrumento obediente y dócil, un esclavo suyo. Sin opinión, sin tiempo para poder pensar (reflexionar), una máquina de producción y consumo de bienes y servicios. Derechos que fueron conquistados hace un siglo con las luchas y la sangre de miles de trabajadores, ahora son abandonados ante la embestida autoritaria del Capital y del Poder. En la actualidad, lo que quieren de nosotros es trabajar incesantemente, consumir mucho, si en algo este plan les falla, podemos dejarles en paz saltando al vacío desde algún balcón.

El consumismo como indiferencia social

Esta medida, desde luego, como todas las demás que han conducido nuestra vida a la obsolescencia absoluta, requiere la participación de los que las confirman con su actitud. Requieren a todos estos estúpidos, útiles para el sistema, que van a correr para hacer cola para entrar en las tiendas los domingos, sin importarles el hecho de que los trabajadores de ellas han sido forzados a trabajar en domingo, cobrando unas migajas, y sin importarles el hecho de que este programa piloto a corto plazo será una situación permanente. Son indispensables para la Soberanía todas estas masas incoloras e inodoras de consumistas adictos a la tele, que cumplen rigurosamente con los dictados de la ley y la ética de sus líderes políticos. Estos son los peores enemigos de sus prójimos. Son los mismos que hace años se congestionaban en las oficinas de los políticos, suplicando por un puesto de trabajo en el sector público, o se arrastraban por las calles de esta ciudad, mirando con ironía y desde lo alto a los que luchaban por un mundo diferente. Es la lógica del que está interesado sólo en sí mismo, del está interesado en su hogar, incluso si la casa del vecino se está quemando. Son todos los que consienten los crímenes del Poder. Son los que encuentran refugio en las leyes y la ética televisiva, para disimular su indiferencia y en última instancia su aburrimiento por la vida. Esta es la ideología del gilipollas que llevará a alguien que no tiene más de 50 euros en el bolsillo a trabajar en un centro comercial en pleno domingo.

A resistir a los campos de trabajo modernos. A destruir los calabozos de la esclavitud asalariada

Durante el último año los trabajadores en el sector comercio, en conjunto con la Coordinadora contra la abolición del domingo como día festivo y la “liberalización” de los horarios comerciales, y junto con los solidarios y las solidarias con su lucha, están dando una lucha muy importante y difícil. Durante todo este tiempo se han realizado varias luchas auto-organizadas y sin mediadores: Bloqueos de tiendas, piquetes combativos, intervenciones, manifestaciones, marchas y sabotajes, rompiendo el clima colectivo del miedo y la apatía. Durante todo el verano pasado, en el centro de Atenas, en el “orgullo” de la calle comercial principal de Atenas Ermú, la lucha de la gente se basó en sus propias fuerzas, lejos del sindicalismo institucional, y demostró en la práctica, con su organización y su determinación, que nuestros domingos no pertenecen a los patrones y los banqueros. Son nuestros, y vamos a aprovecharlos para vivir y soñar. Los vamos a aprovechar para prepararnos para aquel día en que los centros comerciales no se erguirán como símbolos de consumo y vanidad consumista, sino que estarán en escombros quemados y abandonados, como símbolos de una época que retrocedió ante la violencia impetuosa de la revolución cuyo único objetivo será que el Hombre viva por fin libre.

Anarquistas y comunistas de Kipseli y Gyzi

El texto en griego, portugués.

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