En los próximos días se hará público el llamado “programa de trabajo de interés general”, a través del cual varios municipios y corporaciones estatales contratarán a 50.000 desempleados. La relativa ley no prevé ninguna modificación de las relaciones laborales de estos esclavos asalariados que van a cubrir temporalmente los puestos que se han quedado vacantes por los miles de despidos de funcionarios.

Los desempleados que participarán en el programa tendrán el mismo estatus que los llamados beneficiarios. No tendrán ningún derecho laboral, ya que como se ha citado no serán considerados trabajadores sino “beneficiarios”. Tampoco van a tener seguridad social. También, los menores de 25 años van a cobrar menos que las migajas que recibirán los mayores de 25 años. Aquí hay que señalar que estos últimos van a cobrar algo menos de 500 euros al mes, y los menores de 25 años algo más de 400 euros mensuales…

Se trata de mano de obra barata y desechable, a la que esta vez el Estado va a contratar no para cubrir las necesidades del Capital privado sino para sí mismo. A pesar de que los desempleados en Grecia serán ya más de un millón y medio de personas, su organización política es casi inexistente. Por muchos que sean los llamamientos de los sindicatos de base y los colectivos contra el desempleo y la precariedad, a auto-organizarse y a resistir contra estas nuevas formas de esclavitud asalariada, la gran mayoría de los desempleados que son proletarios con mentalidad y conciencia pequeñoburguesa, pasan de ellos. En algún momento se debería comenzar un debate sobre las causas de esta actitud, las cuales en nuestra opinión no se limitan sólo al lado de los desempleados o trabajadores sumisos, sino que tienen que ver con el funcionamiento de dichos colectivos y sobre todo con el modo en el que se dirigen a los demás oprimidos de esta sociedad.

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