El martes 6 de noviembre de 2012 un pastor descubrió el cuerpo muerto de un hombre de 60 años de edad, en un paraje abrupto cerca de la ciudad de Siátista, en el norte de Grecia. El cuerpo era de un jubilado minusválido que estaba desaparecido desde el 29 de agosto de 2012.

El jubilado se había ahorcado dejando a su lado sus pocas pertenencias. Antes de suicidarse había llamado por teléfono a sus familiares, anunciándoles su decisión: “No voy a regresar a casa porque me siento inútil (inválido). Ya no tengo nada que ofreceros” dijo a los suyos.

Por la mañana del mismo día se había ido al Departamento de Asistencia Social de la ciudad de Siátista para cobrar la pensión por minusvalía, la cual era su única fuente de ingresos. Ahí se informó de que se la habían cortado.

Ya Grecia está entre los primeros países en Europa en número de suicidios por habitante, si hace unos años era uno de los países con menos suicidios en Europa.

Las condiciones económicas y sociales inhumanas de inseguridad, precariedad, miseria e indignación que ha generado el mismo Sistema, con la denominada crisis, conducen a la gente a la desesperación y a la muerte. Los suicidios de estas personas no son debidos a temas estrictamente personales, son debidos a razones sociales: son unos asesinatos. Puede ser que este no haya tenido el carácter político claro de otros, sin embargo no deja de ser un asesinato. Un sistema económico, político y social que les está quitando la vida (metafórica y literalmente) a sus súbditos no es nada más que un sistema podrido y fracasado. Acabemos con el antes de que acabe con todos nosotros.

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