Texto publicado en la página web http://parallhlografos.wordpress.com.

Pues no. No condeno la violencia “de dondequiera que provenga”.

Vosotros tampoco, los supuestamente sorprendidos, que os estáis preparando para indicar con vuestro dedo “políticamente correcto ” mi cara y machacarme con “argumentos” sobre “la cultura de la no violencia” y  de la “democracia”. El mismo dedo que pulsó el botón para exterminar a miles de personas y para conducir a la indigencia a millones a cambio de vuestra prosperidad, es el que predica “la condena de la violencia”. El hecho de que el botón medió entre el dedo y la violencia física, y el dedo entre la orden dada por vuestro cerebro lleno de mierda y el exterminio masivo, no hace que la violencia de vuestra acción provenga del más allá espiritual. Es vuestra violencia, es absolutamente vuestra, proviene de vosotros. Incluso vuestro derecho a mover el dedo y argumentar “libremente” es producto de ríos de sangre y de violencia. No es que no lo sepáis,  simplemente lo recordáis cuando os conviene.

Sin embargo, la historia y las propias leyes de la naturaleza no pueden ser manipuladas por nadie, ni siquiera por vosotros. Incluso esta misma imitación de la “democracia ” y la “libertad ” que usurpáis y alegáis para fingir ser centristas, socialdemócratas o liberales, llevando la capucha y del pacifismo y de la democracia burguesa, si no sois más que un gremio de depredadores que deberíais ser castigados por el Derecho penal, es producto de conflictos, movimientos, revoluciones y de cambios y derrocamientos violentos. Incluso vuestro ascenso a los altos rangos y estratos sociales, que os da el derecho a hablarnos “desde arriba” es producto de violencia. En este caso,  de una violencia muy conveniente.

No, no condenáis francamente la violencia “de dondequiera que provenga”, malditos hipócritas. Amáis y adoráis la violencia. Vuestros guardaespaldas no os protegen del “amor y del cálido abrazo del pueblo” sin violencia. Las malversaciones de la riqueza pública que os han hecho ricos no se realizaron sin violencia. Tampoco la explotación de los trabajadores, que os ha convertido en “señores”, estuvo exenta de violencia. El fascismo y el nazismo que empolláis con vuestros culos gordos, para que os protejan en el futuro si “la situación se vuelve incontrolable”, no existen sin violencia. La omertá (ley del silencio) de la mafia política, a la que pertenecéis y en la que juráis, no funciona sin violencia.

No, vosotros no condenáis la violencia “de dondequiera que provenga”. Existís porque ejercéis violencia y lo hacéis sin tener el menor escrúpulo. Los suicidios que son debidos a vosotros son violencia, el lavado de cerebro de vuestros medios de desinformación es violencia, la represión de las concentraciones de protesta y de las huelgas es violencia, el desempleo es violencia, el hambre es violencia, los recortes son violencia, la pobreza es violencia, la violación de la constitución es violencia. Y es violencia física y directa. Las muertes, la emigración (exilio) de la gente joven, la pobreza, los productos químicos y las balas de plástico (que dispara la Policía) son pura violencia, no son palabras y teorías.

No, vosotros no condenáis la violencia “de dondequiera que provenga”, malditos hipócritas. Porque vuestra forma de vivir y existir es producto de violencia. Vuestras bragas de seda han sido tejidas con violencia. No podéis condenar la violencia que vosotros ejercéis para imponeros, porque simplemente no podéis cancelar a vosotros mismos. Sois unos mentirosos descarados y hasta vuestras mentiras se la coláis a la gente con violencia. No podéis condenar la violencia ejercida por vosotros mismos a las víctimas desde la posición del violador. Lo que queréis condenar con fervor es la violencia de la resistencia. Lo que queréis abuchear es la defensa de la víctima contra su violador. Diariamente ejercéis violencia comunicativa, para forzar a la misma víctima de la violación a condenar la violencia en total, y por lo tanto su propia resistencia a sus violadores, a vosotros mismos, difundiendo un concepto paranoico, el de la responsabilidad conjunta de la doctrina “el dinero lo hemos comido juntos”,  o sea que, la víctima que resistió a la violación y el violador son lo mismo. Ejercéis la fuerza comunicativa a fin de cancelar cada reflejo social. Os encanta la violencia, y por ello os habéis apropiado totalmente de ella, es vuestro Dios – creador, no la queréis condenar, lo que queréis es definirla de una manera absoluta y unilateral. Sois los más expertos en la violencia. Existís de la manera que existís porque ejercéis violencia. Sin la violencia no seríais lo que sois. Y como expertos en la violencia y habéis confeccionado la herramientas adecuadas para violar libremente y sin sufrir las consecuencias de vuestras acciones.

Pues esta herramienta la habéis llamado “corrección política”, así que la palabra violencia se quede en vuestras manos para utilizarla de una manera terrorista como un remedio contra todos los males y todo tipo de gilipollez. Este truquillo comunicativo violentamente impuesto, de los argumentos sofistas que conducen a la lógica de vuestro derecho a definir vosotros ( vosotros, la “Democracia” , vosotros los medios de desinformación masivos, vosotros los “inversores”, vosotros la “economía”, vosotros los nombrados por vosotros mismos “representantes” de yo y de nuestra voluntad, y sobre todo, vosotros “la institución” , la institución supuestamente impersonal, imparcial y axiomáticamente inexpugnable, la versión moderna del Dios que no debe ser juzgado y del determinismo emanado de sí mismo) que es violencia y que no (en otras palabras que es ” civilizado” y que no). “Corrección política”: la teoría que dice que la víctima de la violación no tiene que ejercer violencia para defenderse, ya que la violencia de la defensa queda prohibida violentamente por las leyes que el violador tiene el derecho hereditario de legislar en nombre de la protección de la víctima de la violencia. ¿Inteligente, no?

Se trata de la teoría que dice que es “civilizada” aquella víctima (el ciudadano leal) que sufrirá  sin protestar (rechistar) la violación y luego pedirá amablemente a su violador a acusar, procesar y castigar a sí mismo por la violación. ¡La corrección política es violencia pura y dura! La corrección política es la violencia del Poder, es la misma violencia y aún peor que la violencia que ejercía el sacerdocio con la Inquisición contra la sociedad en la Edad Media. Es la herramienta de la tortura de la sociedad en nombre de un “código de conducta” del sacerdocio que lo redactó, ​​en su nombre y a favor de su interés. Cualquier persona que se opone y resiste a la miseria, “ejerce violencia” y es brutalmente reprimida en nombre de la condena de la violencia “de dondequiera que provenga”. Las “brujas malas” que son quemadas en las fiestas folclóricas populares, en nombre del amor y la compasión del “Dios bueno”, son en la actualidad los ciudadanos que resisten. Es muy conveniente, si eres miembro del sacerdocio, que todos crean ingenuamente en este amor. Es muy conveniente que todos crean en la “corrección política”, cuando tú eres él que la define y la confecciona. Es muy conveniente que haya una regla moral “inmaterial” absoluta, cuando tú eres Dios y a la vez su creador y partícipe.

Sólo tenéis miedo de aquella violencia que puede derrocar la “corrección política” que definís para poder existir, como entidades que imponen y mandan (gobiernan). A esta violencia llamáis “de dondequiera que provenga”. Tenéis miedo de la violencia de las otras opiniones, porque sabéis muy bien que el pensamiento se puede transformar fácilmente en violencia física. Lo hacéis a diario y sabéis muy bien cómo hacerlo.

Os encanta la violencia, es vuestro “ego” y justo por eso queréis que sea condenada por todos la violencia “de dondequiera que provenga”. Porque sabéis muy bien de primera mano que la resistencia es una categoría cualitativa de violencia. Porque vosotros también resistís fuerte para poder existir. Resistís a la violencia que os puede quitar lo robado, a la violencia que os puede procesar, a la violencia que os puede quitar lo que tenéis “conquistado” por tener el Poder, a la violencia que os puede castigar por vuestros crímenes, a la violencia que de repente os puede transformar en…mortales normales y corrientes, en ciudadanos comunes y corrientes que tienen la obligación de rendir cuentas y respetar a los demás.

Resistís violentamente a la violencia que puede confiscar las mansiones que habéis construido apropiándoos del trabajo de millones de trabajadores-“amos de casa”, a los que ahora sacrificáis, vosotros los predicadores de la condena de la violencia. Resistís violentamente, empleando la violencia “legítima”, legitimada por vosotros mismos usando violencia (por la fuerza). La única violencia que condenáis, malditos hipócritas, es la violencia de la defensa de los ciudadanos contra vuestra violencia, así como la violencia que podría eliminar vuestro Poder. Así que sabéis mejor que nadie que la violencia “de dondequiera que provenga” no es cualitativamente la misma. Vosotros sabéis muy bien cómo usarla para crear miedo e inseguridad y para llenar el estómago vacío del ciudadano al que habéis robado de xenofobia, nacionalismo y patriotismo falso, y cómo crear un partido paraestatal que vaya a descarrilar convenientemente la rabia, la desesperación y la violencia a la resistencia al Poder. Vuestro Poder, el para-estado.

Pues no. No condeno la violencia “de dondequiera que provenga”.  No, no es la misma la calidad de la violencia “de dondequiera que provenga”. No, no es la misma la causalidad de la violencia, y no voy a condenar la violencia de mi defensa, en contra de la violencia de vuestra imposición sobre nosotros. Yo estoy del lado de aquellos, cuya vida y la vida de cuyos hijos violáis diariamente, y voy a defenderme con tanta violencia que haga falta contra a los que ataquen mi vida. Declaraciones de corrección política aquí no se firman. No condeno la violencia “de dondequiera que provenga”, no condeno a mí mismo y a mis hijos a ser vasallos. Entonces podéis iros a joder, “políticamente correctos ” y “demócratas”.

Pues no. No condeno la violencia “de dondequiera que provenga”.  Porque sueño con una sociedad sin clases, equitativa, justa, libre y pacífica. Porque tengo conciencia de clase y porque la lucha de clases implica violencia. ¿Cómo se puede definir el concepto de la lucha sin el concepto de la violencia?

No amigos, charlatanes de la “Izquierda”, de la “Ecología” o del ensamblaje de fracciones radicales para formar un partido izquierdista, no condeno la violencia “de dondequiera que provenga” tan ingenuamente y sin resistir. No. Porque las cifras de la Economía son violencia y cuando se aplican a personas como política es de suma importancia el “de dónde provienen”, y no el porqué. No. Porque la ecología se relaciona con la naturaleza y la naturaleza contiene una violencia increíble y es importante el cómo intervienes como especie en la violencia de la naturaleza. No. Porque no soy esquizofrénico para pisar con un pie en la teoría de clase marxista y en el otro en la percepción surrealista romántica de que el Capital va a consumir su propia carne y luego va a hacer su autocrítica, entenderá sus errores y se rendirá sin luchar a la clase obrera, de un modo completamente “democrático” y pacífico, después de una fiesta mundial de amor,  de oración y de paz, con bailes, canciones, pipas de la paz, malabaristas, meditación colectiva e invocación de Paulo Coelho. No supuestos comunistas, hiper-ortodoxos, sin embargo, no creo ni en vuestra supuesta condena de la violencia “de dondequiera que provenga”.

Porque la revolución de octubre de 1917 – al igual que cualquier revolución – no estuvo exenta de violencia, y vosotros lo sabéis muy bien, mejor que nadie. La violencia no controlada por el Partido es la que condenáis, la violencia que puede tener un movimiento popular espontáneo sin vuestra tutela la ilegalizáis, la violencia de cualquier posible revolución distinta a la que queréis controlar es la que condenáis, la violencia de la libertad de ser diferente condenáis en voz alta como los comunistas que renunciaban a su ideología. “Renuncio, renuncio, renuncio”: estúpidos, habéis firmado vuestra legalización por vuestros enemigos de clase para no perder la exclusividad en la revolución. Enhorabuena. Caísteis en la trampa de la corrección política, y lo hicisteis sin ninguna violencia. Aquí no se celebran concursos de pacifismo.

No condeno la violencia “de dondequiera que provenga”.  Deseo la paz tanto como violentamente voy a defenderla en la guerra que se le ha declarado. Creo en la humanidad de la solidaridad tanto como violentamente la voy a defender contra los oligarcas tiranos. Quiero a nuestros hijos tanto como violentamente voy a luchar por su derecho al futuro. Tengo tanta dignidad y autoestima, como violentamente voy a defenderme ante el intento de cualquiera de privarme la libertad de expresión y de la autodeterminación. Cuando para la acción, para la reacción: es un axioma de la Física, simple y mundial. No condeno a mí mismo y a mi clase a ser esclavos que aguardarán la salvación en otra vida. Pues, que os jodáis “izquierdistas” del martirio de los beatos y de la expectativa metafísica del Segundo Advenimiento.

No condeno la violencia “de dondequiera que provenga”.  La violencia tiene cualidades, causalidades y facetas. No es la misma la faceta (bando) del que está en defensa con la del que está en ataque, no son simplemente los dos “violencia”, no son dos “extremos” iguales. No hay acción sin reacción. Esto es simple Física. La reacción que sucede a la acción es defensa, y no “el otro extremo”. La defensa a la violencia es violencia: exonerad vuestra defensa, de lo contrario quedaos quietos a soportar vuestra humillación “políticamente correcta”.

Pues no, no les voy a hacer saber en qué creo. Nos me quedaré quieto para que me peguen en la piel la etiqueta barata, el código de barra, el tatuaje de la “identificación”, con la saliva de unos esbirros contratados por vosotros. Soy lo que me da la gana, que me den el nombre que quieran en la pila bautismal terrorista de sus canales televisivos. Que me llaméis como quieráis, no caeré en vuestra trampa de hacer una renuncia. Millones de prójimos míos tienen millones de personalidades, millones de puntos de vista y muchas identificaciones, pero casi todos tenemos una cosa en común: Consciente o inconscientemente estamos en legítima defensa contra ellos. Nuestra sensación de supervivencia, de muchos de nosotros, es la notoria “violencia de dondequiera que provenga”,  y se opone a la violencia de la codicia de unos pocos que tienen y poseen. Nuestra supervivencia no es “el otro extremo”.

Por fin exoneremos a nosotros mismos con respecto al complejo de la condena de la violencia. Gritemos en alto: “que os jodáis” hacia los que tienen en sus manos la riqueza y que tratan de convertirse en nuestro “superego” comunicativo. Exoneremos a nosotros mismos en cuanto a la violencia  supuestamente indolora, “indirecta” y no física de los mercados, los bancos y de la “corrección política”, y reaccionemos. Detrás de toda represión violenta de nuestros derechos están los nombres, los apellidos y las direcciones de los que quieren que condenemos la violencia “de dondequiera que provenga”. La condena de la violencia “de dondequiera que provenga” es su arma, pues desarmémoslos. La peor violencia es la que nos obliga a condenarnos a nosotros mismos a la negación de la reacción. Esta es la violencia de la condena de la violencia “de dondequiera que provenga”. Acabemos con esta violencia.

Violencia contra la violencia de la condena de la violencia, que todos sabemos muy bien de dónde proviene.

Mind the Gap

El texto en griego.

2 comentarios para ““Violencia contra la violencia de la condena de la violencia””

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